La comunicación presidencial en México: Fox, Calderón y Peña
00 DE AGOSTO 2015
Este texto compara el concepto de comunicación presidencial, la estrategia y los mecanismos que se pusieron en práctica desde el gobierno del presidente Vicente Fox (2000-2006), que logró la alternancia en México, después de que durante 80 años gobernara un mismo partido; quien lo siguió, el presidente Felipe Calderón (2006-2012); y el presidente Enrique Peña (2012- 2018), que recuperó la presidencia para el Partido de la Revolución Institucional (PRI) después de 12 años de gobiernos del Partido Acción Nacional (PAN).1
Trata de demostrar que el posicionamiento de los temas en la agenda mediática que interesan al gobierno, se explica no solo a partir de la estrategia y los instrumentos utilizados, sino también de la concepción que se tiene de ella. Analiza además el resultado de estas tres maneras de poner en práctica la comunicación presidencial y disputar la agenda con los medios.
Introducción
Con frecuencia se afirma que comunicar es gobernar y que lo que no se comunica no existe. Se puede estar de acuerdo o no con eso, pero es evidente que en una sociedad mediática como la nuestra la comunicación es una necesidad de primer orden.
En buena medida, el éxito que alcanza un gobierno está relacionado con la manera como ejerce su comunicación. Pueden conseguirse los mejores logros pero si no se comunican adecuadamente, no son valorados por la sociedad. La comunicación es un elemento central de la gobernanza.
A continuación se analiza el modo como los gobiernos de los presidentes Fox, Calderón y Peña Nieto -quien lleva en el cargo dos años- entienden la comunicación, así como la estrategia e instrumentos a los que se recurre para lograr insertar los temas de interés del gobierno en la agenda mediática. Se valora también el resultado de estas tres maneras de asumir la comunicación gubernamental.
I. El momento
La toma de posesión de Vicente Fox como Presidente de la República ocurrió el 1 de diciembre de 2000. Se puso fin así al gobierno del partido que detentaba el poder desde 1920. El PRI, con distintos nombres, gobernó de manera ininterrumpida durante 80 años. La alternancia en la presidencia abrió una nueva etapa en la historia moderna de México.
El nuevo gobierno -que surgió del PAN- se propuso establecer una relación distinta a la de sus antecesores entre el poder y los medios. Entre otros elementos, ello entrañó el respeto irrestricto a la libertad de expresión y de prensa. Se planteó también definir y desarrollar una comunicación gubernamental más abierta, menos convencional, que en su momento despertó todo tipo de reacciones en la sociedad y entre quienes generaban la opinión publicada.
A Felipe Calderón correspondió ser el Presidente que siguió a la alternancia y continuó con un gobierno encabezado por el PAN. Asumió el cargo el 1 de diciembre de 2006. Al inicio de su gestión, optó por deslindarse de la estrategia y el modelo de comunicación gubernamental utilizados por quien lo antecedió; además, retomó algunas prácticas del pasado.
Su administración impulsó una estrategia de comunicación centrada en la figura del Presidente; por tanto, los integrantes de su equipo no salían a los medios. La comunicación ponía de relieve solo un tema: la lucha del gobierno contra el narcotráfico y la publicitación de los resultados supuestamente exitosos de dicha estrategia.
Con el presidente Enrique Peña, quien asumió el cargo el 1 de diciembre de 2012, el PRI regresó a la presidencia. El cambio más visible en su estrategia de comunicación es que dejó atrás el tema central de la lucha contra el narcotráfico. La agenda presidencial se desnarcotizó.
El gobierno retomó prácticas utilizadas en el pasado por el PRI; entre ellas, el cuidado excesivo de la figura del Presidente y el discurso políticamente correcto. El gobierno adopta como tema central la aprobación de las que han dado en llamarse “Reformas estructurales”. En un primer momento, puso de relieve la publicitación del mecanismo que las haría posibles: el “Pacto por México”; después, se centró en el éxito de haberlas conseguido
II. La concepción y los temas

A. El gobierno de Vicente Fox Quesada
En los primeros tres años y medio del gobierno de Fox hubo cuatro responsables de la Coordinación de Comunicación Social de la Presidencia. Todos con perfiles, experiencias y formaciones muy distintas. Los cuatro con ideas diferentes sobre la comunicación gubernamental y los instrumentos que deben utilizarse, para tratar de ganar presencia en la agenda de los medios. El Presidente señaló a su gabinete la importancia de librar la batalla por participar en la construcción de la agenda. Él ponía el ejemplo sobre cómo tratar de influir en ella mediante discursos, entrevistas y declaraciones a los medios.
En julio de 2004, llegó el quinto responsable, quien permaneció hasta el final de la administración. El nuevo equipo -en buena parte integrado por académicos cuya formación correspondía a diversas disciplinas socialesformuló una idea precisa de cómo entender la comunicación gubernamental. Señaló que esta se propone informar y dar a conocer las razones que fundamentan tanto las políticas públicas como las decisiones que toma el gobierno.Se estructura a partir de datos duros y se ofrecen los argumentos que desde la lógica del gobierno justifican su proceder. Se planteó también que dicha lógica era parte integral de las políticas públicas y que tenía su propia razón de ser; empero, su propósito fundamental era acompañar la acción de las distintas dependencias. Aquí es donde cobró todo su sentido.
El acompañamiento buscó dar a conocer el contenido, propósito y logros de las distintas dependencias del gobierno federal; pero también se propuso obtener la simpatía y aceptación de la sociedad a las políticas públicas bajo su cargo. Otro de los propósitos de la acción comunicativa fue generar los consensos y la adhesión de los ciudadanos al gobierno y su proyecto, así como reducir los niveles de disenso y falta de adhesión a él.
El nuevo grupo coincidió con el Presidente en que la comunicación tiene carácter estratégico. En buena medida, su éxito o fracaso depende de la efectividad tanto de su comunicación como de su capacidad para estar en contacto directo y permanente con la ciudadanía. Se estableció que la comunicación estratégica solo puede lograrse mediante medios masivos como la radio y la televisión; por eso todos los días había que librar la batalla por ganar la construcción de la agenda, la cual constituye una tarea compartida entre el gobierno y los medios.
B. El gobierno de Felipe Calderón Hinojosa
La idea que se adopta es que resulta complicado y costoso disputar la agenda mediática y que -por lo mismo- en la relación costo-beneficio, no tiene sentido intentarlo. No hay esfuerzos claros de influir en ella por vía de desplegar ideas. El Presidente se mantuvo alejado de las declaraciones y los medios en el intento de que no se le criticara o se le “golpeara”. El propósito se logró a medias pero a un costo alto: no influir en la construcción de la agenda mediática.
El gobierno dio prioridad a las posibilidades del marketing y dejó de lado la comunicación. Al arranque optó por publicitar un solo tema: la “guerra” contra los cárteles de la droga. Se dedicó a promover sus acciones en esa batalla mediante spots en radio y televisión. Al elegir un solo tema de suyo “vendedor”, se colocó de manera inmediata en los medios, los cuales -a las pocas semanas- se lo arrebataron y lo convirtieron en suyo a lo largo del sexenio. Los medios internacionales se apropiaron también de esta agenda.
La administración quiso después posicionar otros temas por vía del marketing, pero siempre fracasó. La importancia que el Presidente atribuyó desde un principio al tema del narcotráfico impidió que pudiera “subir” cualquier otro. El gobierno construyó su propia “cárcel” y después ya nunca pudo desligarse del tema de la violencia. En ocasiones logró colocar otro durante dos o tres días, pero de inmediato los medios y el propio gobierno volvían al del narcotráfico y los hechos cruentos.
El gobierno no acompañaba estos “nuevos” temas desde la lógica de la comunicación gubernamental; por tanto, una vez transcurridos dos o tres días, desaparecían. El Presidente, que mantenía un perfil bajo en los medios, no contribuía a que tales temas se sostuvieran en la agenda mediática. En los hechos, solo se extendían en la medida en que la oposición los hacía suyos, para rebatirlos y denostarlos. La estrategia del gobierno era no reaccionar y dejar que la situación se diluyera.
C. El gobierno de Enrique Peña Nieto
La presidencia soslayó el tema de la lucha contra el narcotráfico y colocó en primer lugar el de los acuerdos políticos para lograr la aprobación de las reformas estructurales y después dedicarse a informar y publicitar que se habían conseguido; asimismo, que con ellas se ofrecía una nueva plataforma para el desarrollo del país. Las reformas conformaron el eje que articuló la comunicación de este gobierno.
Se cuidó mucho la imagen del Presidente y se evitaron encuentros y entrevistas con los medios, para impedir que en ellas se le pudiera cuestionar o hacerlo salirse del guión establecido. El discurso nunca ha arriesgado y se ha mantenido tanto en un tono conciliador como en la lógica de lo políticamente correcto. Las puestas en escena de los eventos en los que participa el Presidente están bien diseñadas, pero con cierta rigidez que no permite que fluyan con frescura y espontaneidad.
El Presidente recuerda con frecuencia las cinco líneas estratégicas que planteó en su discurso de toma de posesión: las que se supone organizan y dan identidad a la acción del gobierno en el sexenio. En los medios no solo el mandatario está presente: también los titulares más importantes de las dependencias del gobierno federal. De tal manera, cuentan con más posibilidades de influir en la construcción de la agenda mediática.
La identidad corporativa -que es parte de la imagenestámuy cuidada. El PRI siempre ha privilegiado dicho aspecto de la comunicación; así pues, este gobierno pretende proyectar la presencia de una estructura institucional sólida. Ello es muy evidente en el diseño delmarketing, que técnicamente se halla bien elaborado: innova y rompe con esquemas tradicionales; empero, no logra comunicarse con facilidad a las grandes audiencias.
III. La estrategia
A. El gobierno de Vicente Fox
La estrategia del presidente Fox fue disputar todos los días la agenda con los medios. En muchas ocasiones el ruido mediático era intenso; y el mandatario, muy criticado: más por las formas de comunicación que utilizaba que por el contenido de lo que decía. A pesar de ello, nunca renunció a contender por la agenda para que la sociedad estuviera enterada de lo que el gobierno pensaba y ponía en práctica. Pedía a sus secretarios salir y colocar los temas propios de sus dependencias. Él daba el ejemplo y salia a los medios a debatir y a promocionar las acciones gubernamentales.
Los medios daban entrada a los temas: la agenda del gobierno se hacía valer; empero, por lo general no criticaban las acciones sino que se iban directo sobre las maneras de ser y decir del Presidente. En lo personal, Fox estaba en el centro de la crítica; mas no su gobierno. Él pagaba los costos, pero lograba su propósito: que los medios cubrieran los eventos del gobierno y discutieran con él. La cobertura de la televisión se centraba en las acciones; pero la radio, y sobre todo la prensa escrita, en los “errores” del Presidente.
El círculo rojo: el grupo de quienes generan opinión y traman las decisiones (compuesto por 20 %de la sociedad), rechaza -unos con más fuerza que otros- la manera de ser del Presidente. Dicho sector se informa a partir de periódicos y revistas. Las maneras de ser de Fox rompen con las viejas tradiciones y causan enojo; pero en ningún momento estuvo dispuesto a cambiar. En su análisis de costo- beneficio, consideraba que un viraje en la estrategia no le reportaba ganancia alguna.
El círculo verde: la población en general que representa 80% de la sociedad, gustaba del modo de ser del Presidente. Su mensaje llegaba muy bien en este sector. En todos los eventos se le escuchaba con atención y conseguía convencer.
La originalidad de Fox: ser diferente de los presidentes anteriores, le ocasiona un gran desgaste en un sector de los medios así como en el círculo rojo. Hacia la mitad de su mandato, la disputa por la agenda había perdido eficacia. La presencia del gobierno en los medios iba a la baja. El Presidente se desesperaba por no influir en la agenda mediática. La estrategia no era ya la adecuada.
En abril de 2005, el Presidente creó la figura del portavoz de la Presidencia. La tarea es asignada al coordinador de Comunicación Social, quien a partir de ese momento asumió las dos responsabilidades.
B. El gobierno de Felipe Calderón
La estrategia del presidente Calderón fue la contraria. No disputó la agenda mediática y la dejó solo a los medios. Al no librar la batalla por la agenda, su persona e imagen quedaron menos expuestas a la crítica en los medios, mas no necesariamente ocurrió lo mismo en la sociedad. Las consecuencias fueron dos: la presencia del mandatario en los medios resultaba escasa, y la acción del gobierno pasaba inadvertida. Se disponía de poca información sobre las acciones de la administración. Lo único que los medios mostraban eran acciones y resultados (buenos o malos) de la guerra contra el narco. La sociedad solo percibía esa proyección.
La estrategia contemplaba también que los secretarios, para no hacer ruido en los medios, mantuvieran un perfil comunicacional bajo. No existían para la sociedad y los medios. Eran contadas las ocasiones en las que los integrantes del gabinete salían a los medios. Para poder hacerla, requerían del permiso de Los Pinos. Ellos podían constituirse en un poderoso instrumento para insertar temas en la agenda de los medios; no obstante, se encontraban al margen de ella. No influían en nada. Solo tenían presencia, aunque limitada, los ministros que estaban relacionados en la lucha contra el narco.
C. El gobierno de Enrique Peña
El elemento central de su estrategia es mantenerse alejado de los medios, para no arriesgar al mandatario. Solo se hace presente mediante los discursos, siempre políticamente correctos, pronunciados en los eventos que también se encuentran cuidados y protegidos. El presidente no arriesga y no da cabida a la crítica; sin embargo, no logra conseguir un lugar en las grandes audiencias.
En el círculo rojo el Presidente está bien posicionado; empero, en el tiempo que lleva de mandato, en el círculo verde su nivel de aceptación es bajo. Su discurso es previsible, por eso no consigue despertar el interés de los medios y la sociedad. En sus intervenciones nunca hay algo que sorprenda: su imagen es plana y no despierta el interés de las grandes mayorías.
La estrategia logra su propósito de evitar que el Presidente haga frente a situaciones difíciles y -de tal modo- se reduce al mínimo la posibilidad del error y con ello de que la crítica lo ataque; pero esa zona de confort en la que se encuentra le impide entrar en contacto de manera creíble e interesante con las grandes audiencias locales y nacionales. Por otro lado, en el diseño de la estrategia de comunicación no se vislumbran mecanismos para que el Ejecutivo entre en contacto directo con las masas.
Así se ha comportado el Presidente: privilegiando los grandes temas políticos y el encuentro con las dirigencias partidarias y empresariales. No obstante, se halla alejado del contacto más directo con los sectores mayoritarios de la población. Ha estado ausente también de las regiones más recónditas del territorio nacional.
La agenda de cambios -exitosa como consecuencia de la aprobación de los “reformas estructurales” que parecían impensables- despierta interés y simpatía por parte de la comunidad internacional, del círculo rojo en el país, mas no del círculo verde. Se trata de un tema de comunicación que resulta difícil de comprender para las grandes audiencias que articulan su aceptación o rechazo al gobierno a partir de beneficios directos y tangibles.
IV. Los instrumentos

A. El gobierno de Vicente Fox
En los primeros años del gobierno dos instrumentos resultaron notables. El primero: el uso del marketing, sin embargo, al no haber focus, ningún tema logró colocarse. A los dos años y medio, hubo casi 300 distintas campaña al aire. El segundo: el estilo personal y las declaraciones del presidente que le consiguen tanto simpatía como consensos en el círculo verde: el mayoritario, pero la descalificación del círculo rojo: el minoritario, con gran capacidad de dar a conocer y divulgar su opinión.
La estrategia del marketing se modificó a mediados de 2004, cuando -para resolver el problema anterior- se eligieron cinco temas para colocarlos. Ello lograba que la ciudadanía, en particular el círculo verde, reconociera las acciones del gobierno que le representaban un beneficio directo y palpable.
Ante la evidencia de que su gobierno perdía capacidad para insertar temas en la agenda -así como de su propio desgaste-, el Presidente creó la figura del portavoz. Los medios se ocupaban cada vez más de su manera de ser y decir, pero cada vez menos de las acciones del gobierno. Era una nueva figura de la administración pública que intentó instalarse al inicio del gobierno; sin embargo, solo se mantuvo seis meses.
Desde abril de 2005 hasta noviembre de 2006, el portavoz daba los días hábiles una conferencia de prensa. Los periodistas nacionales, la prensa extranjera y las agencias formulaban de manera abierta sus preguntas. Inmediatamente, el gobierno volvió a estar presente en la disputa por la agenda mediática. La cobertura que la prensa daba a la conferencia impartida por el portavoz era muy amplia, sobre todo en radio y televisión.
Otro instrumento eran las entrevistas que el Presidente daba a radiodifusoras y televisiones locales, para hacer el spin (réplica) de sus giras. En los tres últimos años de su gobierno, concedió casi 800 entrevistas de radio y un poco menos de 300 de televisión. De tal manera consiguió una gran presencia en la geografía profunda del país.
B. El gobierno de Felipe Calderón
En este periodo se privilegiaron cuatro instrumentos para articular la comunicación. El primero: la oficina intentó recurrir a ciertos usos de los tiempo del PRI, sin detenerse a considerar que se cursaba otra época. Se hablaba a los medios para protestar por las notas negativas y se presionaba a la fuente que cubría las actividades del presidente. El segundo: el uso intensivo del marketing, aún más que el gobierno anterior, para colocar los temas. Se puso en primer término el tema de la lucha al narcotráfico. El tercero: los discursos del Presidente. Los medios los retornaban en contadas ocasiones, salvo en los casos relacionados con la lucha contra el narcotráfico: tema recurrente en sus intervenciones. El mandatario concedía entrevistas solo de manera ocasional. No resultó, por lo tanto, un mecanismo conveniente para tener presencia en la construcción de la agenda pública. El cuarto: el uso de las nuevas tecnologías, en particular Twitter, que el Presidente manejaba con frecuencia a lo largo del día. Fue el primer mandatario en hacerlo.
C. El gobierno de Enrique Peña
En lo que va del gobierno, cuatro instrumentos han sido utilizados para articular la comunicación. Primero: los discursos del Presidente que se despliegan en la lógica de lo políticamente correcto. Nunca arriesgan: resultan planos y poco atractivos. Segundo: Twitter. El mandatario lo usa con frecuencia; en ocasiones varias veces en el transcurso del día.
Tercero: el uso intensivo del marketing que tiene un diseño moderno y original, rompe con lo que antes se había hecho; pero parece estar más dirigido a ciertos sectores sociales y no “conecta” con las grandes mayorías. Cuarto: esfuerzo por estar presente en la prensa internacional, que se desplegó muy bien en la época del presidente Carlos Salinas (1988-1994). Hasta ahora el ejemplo más claro ha sido la aparición del mandatario en la portada de Time con el título de “Saving Mexico” [Salvando a México].
V. Valoración de la comunicación presidencial
Para valorar el resultado de la comunicación presidencial -que tiene como propósito central elevar los niveles de consenso y reducir los de disenso- pueden utilizarse (entre otros) tres indicadores: el porcentaje de aceptación que muestra el mandatario; la calificación que los ciudadanos le otorgan y -en una realidad como la de México, donde no hay reelección- si el candidato del partido del presidente gana o no la elección.
A. El gobierno de Vicente Fox
A lo largo de su mandato, el Presidente recibió la crítica intensa y abierta proveniente del círculo rojo, al que nunca pudo conquistar. Contaba con espacios para difundir su opinión, que no necesariamente se convertía en opinión pública; pero tenía la aceptación mayoritaria de los integrantes del círculo verde.
Al final de su mandato, Fox alcanzaba un porcentaje de aceptación positiva que rondaba 70. Si se acepta que el círculo rojo representa 20 y el verde, 80, esto quiere decir que prácticamente la totalidad del primer círculo rechazaba al Presidente y el segundo lo aceptaba.
Al término de su gobierno, la calificación de Fox era 7.0: alta; más aún si se considera que en el nivel mundial -en la mayor parte de los casos-, quien encabeza la alternancia termina desgastado y con bajos niveles de calificación; asimismo, su partido pierde la siguiente elección. Los ejemplos son muchos, pero en este caso Fox resultó la excepción.
El candidato del partido de Fox, Felipe Calderón, ganó la elección presidencial. Puede considerarse -por la vía de los hechos- que la mayoría de los ciudadanos con su voto refrendó el gobierno del PAN; de manera particular, el encabezado por Fox. Los datos anteriores muestran que la concepción, la estrategia y los instrumentos de comunicación que aplicó, le brindaron buenos resultados.
B. El gobierno de Felipe Calderón
En buena parte de su sexenio, el Presidente evitó la crítica del círculo rojo, que resaltaba sus diferencias de estilo respecto de Fox. Al inicio de su mandato, arrancó con niveles de aceptación mayores que los de Fox, y en los primeros años mantuvo una aceptación razonable que se ubicó por arriba de 60. Sin embargo, al final de su administración el nivel descendió, en buena medida a causa de los resultados de la estrategia de “guerra” contra el narcotráfico.
Al concluir su sexenio, Calderón tenía un porcentaje de aceptación positiva que rondó 55. De tal manera, puede señalarse que la mitad de la población lo aceptaba; la otra mitad lo rechazaba. En el círculo rojo contaba con mayores niveles de aceptación que en el verde.
Al finalizar su gobierno, la calificación de Calderón era 5.7: baja. Más aún si se toma en cuenta que no tuvo que cargar con el desgaste propio de la alternancia, pues se trata del primer presidente posterior a ella. Mantener buenos niveles de calificación en el círculo rojo no le fue suficiente para elevar el promedio general.
La candidata del partido de Calderón, Josefina Vázquez Mota, perdió la elección presidencial. Los votantes decidieron por el regreso del PRl. La ciudadanía no refrendó el gobierno del PAN. Todo indicaba que era una manera de rechazar la estrategia de la “guerra” contra el narco, que elevó los niveles de violencia en vez de hacerlos descender.
Haber optado por comunicar solo el tema de la lucha contra el narco -al que el presidente se refería viniera o no al caso-, por momentos parecía una obsesión: resultó un error. Los datos revelan que la concepción, la estrategia y los instrumentos de comunicación a los que Calderón recurrió, terminaron en fracaso.
C. El gobierno de Enrique Peña
La estrategia de comunicación funcionó bien al Presidente al arranque de su gestión y le generó una percepción positiva en la mayor parte de la sociedad. En dicha etapa, el tipo de comunicación y sus productos se consideraron nuevos y distintos de los producidos por los gobiernos anteriores; pero el modelo se desgastó en muy pocos meses.
A lo largo de los dos primeros años, el tema central que articuló la acción de gobierno así como su comunicación, fue la aprobación de las “reformas estructurales”. Ellas interesaron mucho al círculo rojo; también a la prensa internacional. Sin embargo, no llamaron la atención del círculo verde, que no pudo percibir un beneficio inmediato de las mismas.
Los integrantes del círculo verde demandan que la acción del gobierno llegue de inmediato y arroje resultados palpables en su beneficio. Si esto no ocurre, mantienen distancia del Presidente y su gobierno, al que tienden -entonces- a calificar de manera negativa. La comunicación por sí misma requiere del respaldo de las acciones percibidas por la ciudadanía como un bien. En su visión, ello todavía no ocurre.
En lo que va de su administración, Peña Nieto tiene una aceptación por debajo de 50 y una calificación de menos de 5.0. Estas cifras obedecen a que las acciones del gobierno no aportan todavía algo palpable a la gente, aunque también están relacionados con la manera de comunicarse.
Aún falta tiempo para que otro candidato del partido de Peña haga frente a la contienda por la presidencia; entonces se sabrá si la ciudadanía refrenda o no al PRI. Hasta ahora, la opinión podría cambiar; los datos anteriores muestran que la concepción, la estrategia y los instrumentos de comunicación que el mandatario ha utilizado no han rendido los resultados esperados.
 
Recomiendo/Libro
26 DE AGOSTO 2015
Jaime Heliódoro Rodríguez Calderón, El Bronco, (Galeana, Nuevo León, 1957) es ingeniero agrónomo fitotecnista por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). En 1982, al terminar la carrera, se afilia al PRI. Fue diputado federal, diputado local, dirigente de la CNC en su estado y ocupó diversos puestos en la administración estatal y el gobierno federal.
En la elección del pasado 7 de julio se convirtió en el primer gobernador independiente del país, al ganar con 48.8% de los votos. En septiembre del 2014, después de 33 años de militancia en el PRI, deja el partido y anuncia que buscará la gubernatura de Nuevo León como candidato independiente. Crea, entonces, la plataforma Cerebro, Corazón y Carácter.
El estilo de El Bronco, que rompe con las viejas y anquilosadas maneras de la política mexicana, lo hizo popular en su estado y el país. Dice que su estilo “poco refinado” lo acerca a la gente al mostrar “que soy igual que ellos; yo no soy diferente de nadie... soy una persona más, que quiere que las cosas cambien, y que las cosas mejoren”. En su estrategia de campaña fue fundamental el uso de las redes sociales y las nuevas tecnologías.
En el 2009 pierde la vida su hijo de 22 años. Y en ese mismo año, como candidato de una colación encabezada por el PRI, gana la alcaldía de García, Nuevo León, con 45% de la votación. Realiza una gestión exitosa con base a lo que llamó el Modelo García, que se sustentó en tres ejes: seguridad, educación y trabajo. Estableció una relación cercana con los empresarios y las organizaciones ciudadanas.
Se dio a conocer, incluso nacionalmente, por la manera en que enfrentó el tema de la seguridad. Depuró a 100% de la policía municipal y certificó a todos los nuevos elementos. Creó un grupo de reacción rápida para atender los problemas de inseguridad que se reportaban a través de redes sociales. Sacó de la circulación a los taxis pirata.
Ya como alcalde sufrió dos atentados de parte del crimen organizado: uno en febrero y el otro en marzo de 2011. En ambas salió ileso por la acción de sus escoltas. En el primero, los atacantes fueron los policías despedidos relacionados con el crimen. En el segundo participaron 40 delincuentes y en ese evento murió uno de los escoltas del alcalde. Su manera de enfrentar al crimen organizado lo hizo muy popular en el estado.
En su carta de renuncia al PRI plantea: “Como sabiamente dijo mi general Mariano Escobedo, oriundo de mi tierra Galeana, ‘hemos aprendido a ser libres y ningún descendiente de reyes, ni de nadie, tiene el derecho de inscribirnos en el registro de sus esclavos’ [...] por eso he decidido unirme a millones de mexicanos que han llegado al límite de la paciencia.
Y que encabronados, muy molestos, exigen cambiar los viejos modos políticos del partido y del propio sistema. Coincido con ellos, porque pienso y siento lo mismo que ellos”.
25 DE AGOSTO 2015
A continuación reproduzco de manera textual “Un nuevo movimiento contra la persecución religiosa” del gran rabino y Lord del Reino Unido, Jonathan Henry Sacks. Pienso que es un texto con el que se puede estar o no de acuerdo en algunos de sus términos, pero aborda un tema que, siendo muy grave, es visto como marginal por los gobiernos del mundo y la prensa internacional. Se publicó en The Wall Street Journal el 11 de diciembre de 2014.[1]
En 1991 encendí las velas de Janucá con Mijail Gorbachov, el entonces presidente de la Unión Soviética. Después de la ceremonia, preguntó, a través de su intérprete, qué acabábamos de hacer, cuál era el significado del ritual. Respondí que hace más de 2,000 años, bajo un gobierno represivo, los griegos seléucidas, judíos, lucharon por el derecho a practicar su fe en la libertad. “Mi pueblo ganó“, le dije, “y desde entonces hemos realizado esta ceremonia en memoria de ese evento“.
Entonces me di cuenta de que 70 años después de la Revolución Rusa, judíos también vivían bajo un gobierno represivo en la Unión Soviética y no se les permitía practicar su fe. “Les devolviste su libertad“, le dije, “así que tú también eres parte de esa historia“.
A medida que el intérprete traduce mi respuesta, el presidente Gorbachov se sonrojó. Él había hecho historia con la disolución de la Unión Soviética, pero supongo que no estaba acostumbrado a ser alabado por la importancia de sus acciones resonantes hacia atrás en el tiempo. Era cierto: había liberado judíos del silencio, y los judíos en esa celebración de Hanukkah así lo sintieron. Para el pueblo judío fue uno de los puntos altos de la historia reciente.
Pero por supuesto, esos fueron días extraordinarios para millones de personas. Cuando cayó el Muro de Berlín hace un cuarto de siglo el comunismo soviético implosionó y la Guerra Fría llegó a su fin. “El Fin de la Historia” de Francis Fukuyama tuvo sentido. La era de conflicto ideológico había terminado. La última gran ideología secular, el comunismo, había fracasado. Lo que había sucedido era la democracia y la economía de mercado liberales, ninguno de los dos ideológico, simplemente sistemas para liberar las energías de las personas que les permite vivir en paz y creativamente juntos a pesar de sus diferencias. Adam Smith y John Stuart Mill resultaron ser mayores profetas del espíritu humano que Karl Marx.
Rara vez ha sido tan groseramente interrumpido el sueño. Ya en 1991 el conflicto bosnio se había extinguido, y fue este evento el que daría forma a lo que vendría. Bosnios que habían vivido juntos durante décadas se encontraron bajo el liderazgo tóxico de Slobodan Milosevic y Radovan Karadzic, dividido por líneas étnicas y religiosas. Tres años después en Ruanda vino la masacre de tutsis por los hutus. El tribalismo había regresado con una venganza.
La libertad religiosa ha sido la víctima del nuevo desorden mundial. Hay un ataque contra los cristianos en Medio Oriente que están siendo masacrados, crucificado y decapitados en Siria e Irak; perseguidos y amenazados en el África subsahariana, Irán, Pakistán, Indonesia y otros lugares. Los musulmanes están muriendo a manos de sus compañeros musulmanes por la división entre sunitas y chiítas. Los Bahá’i están sufriendo persecución en Irán y Egipto, los budistas en Vietnam, Myanmar y China, y los hindúes en Pakistán. Y dentro de la memoria del Holocausto, el antisemitismo ha vuelto a Europa.
De acuerdo con el Informe Mundial 2014 sobre la Libertad Religiosa, publicado por la Iglesia católica a través de la organización Aid to the Church in Need (Nueva York), la libertad religiosa se ha deteriorado en casi la mitad de los países del mundo y la violencia sectaria está en un máximo desde hace seis años. Sin embargo la libertad de religión es uno de los derechos humanos fundamentales, tal como se establece en el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Más fundamentalmente, fue la causa por la que el mundo moderno estableció el concepto de los derechos humanos en el primer lugar. Repulsa por un siglo de guerras religiosas, Europa ayudó a estimular la Ilustración pensando en el contrato social, los límites morales de poder y la centralidad de los derechos humanos.
El mundo necesita un nuevo movimiento ilustrado: de las personas de todas las religiones que trabajan juntos por la libertad de todos los credos. El registro de la religión en el pasado, y trágicamente también en el presente, no ha sido bueno. A lo largo de la historia la gente ha odiado en el nombre del Dios de amor, ha practicado la crueldad en nombre del Dios de la compasión, ha muerto en el nombre del Dios de la vida, y ha hecho la guerra en el nombre del Dios de la paz. Ninguna de las grandes religiones del mundo ha estado exenta de esto en un momento u otro. Ha llegado el momento de decir: suficiente.
El reto es simple y se posó en el primer capítulo de la Biblia. ¿Podemos reconocer la imagen de Dios en una persona que no está en nuestra imagen, cuyo color, el credo o la cultura no es nuestra? Cuando Janucá comience el martes por la noche encenderé la primera vela y rezaré para que un día llegue; cuando la gente de todos los credos encienda una menorah para celebrar un nuevo festival de la libertad religiosa, cuando por fin hayamos aprendido a honrar la hermandad de la humanidad bajo el amor y el perdón de Dios.
 
 
 
[1] La traducción al español es de Rodrigo Islas Mariaud.
24 DE AGOSTO 2015
El secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, responsable de la investigación del posible conflicto de interés por parte del presidente, Enrique Peña Nieto, y el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, al adquirir propiedades y bienes inmuebles de contratistas que trabajan para el gobierno, declaró que no existe tal. En su versión, tanto el presidente como el secretario actuaron conforme a la ley.
 
En principio el caso ya está cerrado y la resolución no causa ninguna sorpresa por tres razones: el carácter de juez y parte de Andrade; la redacción de la actual ley hace muy difícil que se puedan fincar responsabilidades en la materia; desde que inició la investigación se veía imposible, por las razones anteriores, que el presidente y el secretario de Hacienda pudieran ser inculpados en un hecho de corrupción.
 
A pesar de que se esperaba este fallo, que tardó mucho, la sociedad y la oposición reaccionaron con incredulidad. Lo declarado por Andrade no convence a nadie en independencia de que la adquisición de las propiedades pudo haber sido legal o porque en la ley no figura este delito. El gobierno de la República esperaba esta reacción de la sociedad y la oposición.
 
Así, el presidente, en un esfuerzo por controlar los daños, actuó con rapidez y dijo que la investigación exoneró a él y a su esposa, pero que “sin embargo, estoy consciente y reconozco que estos acontecimientos dieron lugar a interpretaciones que lastimaron e incluso indignaron a muchos mexicanos. A todos ellos les ofrezco una sincera disculpa”. El secretario de Hacienda, como parte de la misma estrategia de comunicación, también se disculpó.
 
En una reflexión que no es común, el mandatario afirma que “la conducta del presidente de la República como jefe del Estado, y la de todos los que tenemos el privilegio de servir a los mexicanos, además de estar apegada a derecho, debe ser tal que nuestras acciones no generen desconfianza” y dice estar “consciente que estos acontecimientos han generado un necesario y profundo debate sobre la transparencia, la rendición de cuentas y el combate a la corrupción”.
 
Para la sociedad y la oposición, la duda sobre un real conflicto de interés por parte del presidente y el secretario de Hacienda no la despeja o resuelve el dictamen del secretario de la Función Pública. La Casa Blanca y la casa de Malinalco se van a mantener en la agenda pública. Van a seguir siendo tema de los medios nacionales y extranjeros. La dinámica va a ser, como sucede con este tipo de eventos, que desaparecen un tiempo de los medios y la discusión, pero luego reaparecen.
 
La descalificación que la sociedad y la oposición hacen del resultado de la investigación y del dictamen de la Secretaría de la Función Pública debe hacer pensar que esta instancia, que siempre será juez y parte, no es la adecuada para investigar y juzgar este tipo de casos y también que es necesario, tiene carácter de urgente, que una instancia, esa sí independiente y autónoma del gobierno, se haga cargo de dilucidar este tipo de eventos. Ahí está el ejemplo de Brasil.
19 DE AGOSTO 2015
Managua. El padre Ernesto Cardenal (1925) fue ministro deCultura en el primer gobierno sandinista; a los 90 años notablemente lúcido, asegura, con la fuerza y contundencia de un profeta bíblico, no de un analista político, que “Nicaragua está gobernada por una dictadura familiar integrada por Daniel Ortega, su mujer Rosario Murillo y sus hijos”.
Me recibe en su casa, acaba de terminar de leer el periódico. Hablamos de nuestros conocidos. Me recomienda lea un artículo sobre la policía sandinista. En el comedor están las esculturas para una exposición que pronto se inaugura en Costa Rica. Los temas son el maguey y sus reconocidos animales. “La forma del maguey me gusta mucho”, me dice.
“El presidente Ortega controla todos los poderes del Estado: el Ejecutivo, el Judicial, el Legislativo, el electoral, y más reciente al Ejército y la policía, pero también, salvo contadas excepciones, tiene sujetos a los medios de comunicación”, afirma el poeta.
“Los ministros del gobierno, continua, no se atreven a hablar y se someten a lo que les dice el presidente y su esposa. Por años, la ayuda de Venezuela ha sido administrada como patrimonio personal de Ortega y su familia y a nadie dan cuenta. La corrupción penetra toda la estructura del gobierno”, sostiene.
“En la actual situación es imposible que la oposición pueda crecer. Ésta se mantiene débil y fragmentada. A pesar de su fragilidad, es inhibida y molestada de manera permanente por personeros del gobierno y el FSLN”, explica.
“Hoy en Nicaragua no hay nada de revolución, de izquierda, de sandinismo. El original FSLN ya no existe. Lo que hay es un partido manejado arbitrariamente por el presidente y su mujer”, sostiene el ganador del premio de los libreros alemanes en 1980.
“El presidente, dice el autor de Oración por Marilyn Monroe y otros poemas (1965), tiene una dependencia patológica de su mujer. A ella nadie la eligió, pero concentra todos los poderes. Es un personaje grotesco que cree en la brujería y el esoterismo. Habla todos los días. Ella, a su antojo, quita a los funcionarios del gobierno y el presidente, después, los tiene que reintegrarlos como asesores”.
Cardenal, autor del poemario Salmos (1964), asegura que “el presidente y su mujer fingen su catolicismo y piedad. Su ley está en contra del aborto, incluso terapéutico, perjudicial a los pobres. El presidente y su mujer compraron al cardenal Obando, que es un hombre corrupto”.
“El presidente y su mujer se creen dioses. El mundo debe saber lo que pasa en Nicaragua. Vivimos en una evidente dictadura familiar. No hay visos de que en el corto o mediano plazo se le pueda poner un alto”, concluye el sacerdote-monje que fundó la comunidad de Solentiname en el Lago de Nicaragua en 1966.
18 DE AGOSTO 2015
Los policías estatales suman 132,715 y los municipales 135,138. En total 267,853, que da un promedio de 2.23 policías por cada 100 mil habitantes, según el informe ¿Tenemos la policía que merecemos? Radiografía de la policía en México, elaborada por Causa en Común.
La tasa más alta de policías por 100 mil habitantes corresponde a Chihuahua con 10.36, seguido de Morelos con 4.98 y el Distrito Federal con 4.88. La tasa más baja de policías por 100 mil habitantes la tiene Colima con 0.45, seguido de Coahuila con 0.63 y Tamaulipas con 0.89.
Los policías mejor pagados son los de Baja California con $19,800.00 pesos al mes, seguidos de Nuevo León con $16,349.00 y de Chihuahua con $16,00.00. Los policías más mal pagados son los de Chiapas con $4,3774.00 pesos al mes, seguidos de los de Puebla con $7,300.00 y de Yucatán con $8,106.00.
De acuerdo al estudio, las mejores academias estatales de policía son las de Hidalgo, Distrito Federal y Nuevo León, y las peores las de Campeche, Nayarit y Tlaxcala. Se afirma que el Secretariado Ejecutivo de Seguridad Público (SESNSP) es una institución que sólo reparte dinero a los Estados, pero no tiene capacidad para dar seguimiento al destino de los recursos y menos a los objetivos para los que fueron solicitados.
La mayoría de las policías estatales, según el texto, está enfocada en combatir el crimen organizado y no en atender las necesidades ciudadanas. Se dice también que el mayor de los problemas para el caso de las policías estatales -vale también para las municipales- está en que la mayoría de los gobernadores, hay excepciones, no hace lo que les corresponde y es su obligación.
Los gobiernos estatales “no están interesados en invertir en esquemas de policías de proximidad social o comunitaria” y los recursos del SESNSP y los propios se destinan a la compra, sobre todo, de armas largas, para generar capacidad de fuego que tiene como propósito enfrentar al crimen organizado.
Causa en Común solicita al gobierno Federal y a los estatales combatir el ciclo perverso de simulación, corrupción e impunidad en las corporaciones policiacas presente en la realidad nacional. Exige se ponga en práctica una efectiva implementación del desarrollo de las policías y se sancione a los gobernadores que no cumplan con las responsabilidades en esta materia. ¿Quién asume esta tarea?
17 DE AGOSTO 2015
El presidente, en abril del 2013, a cinco meses de arrancar su mandato, en la encuesta de Reforma tenía una aprobación de 50% y una desaprobación de 30% de parte de la ciudadanía, así como 78% de aprobación y 20% de desaprobación entre los líderes (Reforma, 31.07.15)
En julio pasado, de acuerdo con la misma fuente, el presidente obtiene la más baja valoración desde que inició su gestión con 34% de aprobación y 64% de desaprobación en el conjunto de la población, y 15% de aprobación y 84% de desaprobación entre los líderes.
La tendencia general en la valoración del presidente se mantiene a la baja. En los últimos 27 meses su aprobación ha caído 16 puntos y la desaprobación crecido 34 puntos en la valoración de la ciudadanía. Entre los líderes la aprobación cae 63 puntos y la desaprobación crece en 64 puntos.
Los números no son muy diferentes a los de la encuesta de El Universal. En febrero del 2013, el presidente tenía una aprobación de 56% y una desaprobación de 29% de parte de la ciudadanía. Esta encuesta no contempla el capítulo de líderes. (El Universal, 15.06.15)
En junio pasado, en esa encuesta, el presidente obtiene la segunda más baja valoración desde que comenzó su mandato, con 40% de aprobación y 53% de desaprobación en el conjunto de la población. En esta encuesta en los últimos 28 meses su aprobación ha caído 16 puntos y la desaprobación crecido 24 puntos en la ciudadanía.
La aprobación del presidente va en caída libre al tiempo que crece dramáticamente la desaprobación. En este tiempo nada de lo hecho por Los Pinos ha frenado esta tendencia. ¿Qué explica la valoración de la ciudadanía? Una primera respuesta podría ser un conjunto de hechos negativos, en sí graves y mal manejados mediáticamente, como Ayotzinapa, Tlatlaya, la Casa Blanca, Malinalco, Tanhuato, los viajes al extranjero y la fuga del Chapo.
Estos hechos coyunturales, que han tenido gran resonancia, afectan la imagen del presidente y su gobierno, pero no son la razón principal de la caída en la aprobación. El presidente no está gobernando bien en la visión de la ciudadanía: 76% de los ciudadanos y 93% de los líderes valora desfavorablemente cómo trata el problema de la corrupción. (Reforma, 31.07.15)
El 75% de los ciudadanos y 81% de los líderes valora desfavorablemente cómo trata el problema del narcotráfico. El 68% de los ciudadanos y 79% de los líderes valora desfavorablemente cómo trata el tema de la seguridad púbica. El 69% de los ciudadanos y 75% de los líderes valora desfavorablemente cómo trata la economía. Hay una coincidencia entre estos números y el porcentaje de desaprobación.
Al gobierno le urge hacer algo distinto a lo implementado hasta ahora, con el propósito de elevar la aprobación del presidente y reducir la desaprobación. Ésa es la tarea central de la comunicación gubernamental y de la oficina que está a cargo. Faltan todavía más de tres años de gobierno y nada indica que el presidente no seguirá cayendo en los niveles de aprobación. Más bien todo señala que eso va a continuar.
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